25 de marzo de 2014
El diario de abril
En esta ocasión huyo de hacerme daño, del miedo que me provoca caer de nuevo en la tentación que consume la bondad del ser, de quienes no divisan el amor a la distancia, de aquellos que me adulan, de quienes no reconocen la maldad que los vio crecer. Huyo de quienes dicen no haber mentido nunca, huyo de quienes no huyen y se conforman, huyo de mis amigos, de mi familia, de todo ser que se haya atrevido a encerrarse en mi jaula. Huyo de las personas activas que pretenden que mis letras se alteren con ellos, huyo de las prohibiciones que dictaminan si soy o no una mujer correcta, huyo de parámetros, de números, de etiquetas, huyo del dinero, de la codicia, de las calles, de ti, de tu recuerdo, de ella, de quien serás, huyo de la solución a mis problemas, de la persona que ellos quieren que sea, de las conversiones, de los centímetros y de quienes creen que la apariencia no es una cruz. Huyo de la sombra que me persigue en la oscuridad, huyo de mí otra vez.
21 de febrero de 2014
30 de enero de 2014
A modo de diario.
La mierda y las sonrisas.
20 de enero de 2014
14 de enero de 2014
Deleite sensorial.
https://www.youtube.com/watch?v=uObzF-ZS0DQ&feature=youtube_gdata_player
Vetusta morla.
12 de enero de 2014
La tonada fría
Las ratas viven en la inmundicia del asfalto. Son paridas en hospitales, se corta su cola y se entregan en sábanas de moho a la sociedad patriarcal de madres ratas. Ellas besan a sus ratitas con amor y se entrenan para morir por y para ellos. Sus crías comienzan a caminar con libertad bajo supervisión, sus madres van a la basura a comer y alimentar mientras ellos juegan con lo que sea que encuentren.
Con el tiempo crecen y buscan más ratas para relacionarse dejan de jugar y de demuestran afecto. Pronto piensan en crías mientras buscan basura y alcantarillas en arriendo. Sus padres mueren, ellos procrean y nuevas ratas nacen para morir.
¡Ratas, ratas todos!
De los manjares y otras patrañas.
26 de diciembre de 2013
Correo postal
Tú eres completamente distinto a mí, un par de extraños cuerpos en constante cambio que se fundían en ocasiones para aniquilar el odio del otro, hacíamos añicos al tiempo conforme iba avanzando. Nunca te dije que me gustan las cartas, el correo postal, pero ahora lo sabes, lo amo, me llena de emoción recibir un sobre donde un conjunto de letras estipule que soy su dueña... Me hubiese gustado una carta para ponerle un fin a esto, pero no, fue mucho más sencillo para ti de lo que pensé. Como sea, quería un buen final en el centro del laberinto, pero nos ganaron los obstáculos y ahora estamos aquí, sentados del otro lado de la vida viendo cómo otros se divierten rumbo a su final.